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Cómo vivir la Comunión desde el Corazón de María: guía según San Luis María de Montfort

 


Cómo vivir la comunión desde el Corazón de María

✨ Cómo vivir la Comunión desde el corazón de María: guía según San Luis María de Montfort

La Sagrada Comunión es el acto más alto de la vida cristiana: en ella, Jesús se entrega realmente como alimento, fuerza y descanso del alma. Todos los santos insisten en que la fecundidad de la comunión depende, en gran parte, de la preparación interior, de la humildad y del deseo de recibir dignamente al Señor.

Entre los maestros espirituales que enseñaron un camino seguro para esto, destaca San Luis María Grignion de Montfort, quien propone una práctica sencilla y profunda: recibir a Jesús en la Comunión con las disposiciones de la Virgen María.

Esta enseñanza no añade complicaciones; al contrario, simplifica: en vez de apoyarnos en nuestras pobres disposiciones, Montfort invita a apoyarnos en el corazón inmaculado de María.


🌿 ¿Por qué Montfort invita a comulgar “en María”?

Montfort afirma que nadie recibió jamás a Jesús con más amor y más pureza que la Virgen. Por eso, al acercarnos a la Eucaristía, él propone:

  • Humildad frente a Dios.

  • Renuncia al amor propio y a la confianza excesiva en nuestras disposiciones.

  • Apertura total a María, para que Ella nos prepare como preparó su propio corazón.

Este método es accesible a todos: jóvenes, familias, consagrados, laicos y misioneros. Y conduce a una comunión más viva, más consciente y más transformadora.


PRÁCTICA DE LA VERDADERA DEVOCIÓN A MARÍA EN LA SAGRADA COMUNIÓN

(San Luis María de Montfort – Tratado de la Verdadera Devoción, 266–273)


1. ANTES DE LA COMUNIÓN

266

  1. Humíllate profundamente delante de Dios.

  2. Renuncia a tus malas inclinaciones y a tus disposiciones, por buenas que te las haga ver el amor propio.

  3. Renueva tu consagración, diciendo: “Soy todo tuyo, ¡oh María!, y cuanto tengo es tuyo”.

  4. Suplica a esta bondadosa Madre que te preste su corazón para recibir en él a su Hijo con sus propias disposiciones. Hazle notar cuánto importa a la gloria de su Hijo que no entre en un corazón tan manchado e inconstante como el tuyo, que no dejaría de menoscabar su gloria y hasta llegaría a apartarse de Él. Pero que, si Ella quiere venir a morar en ti para recibir a su Hijo, puede hacerlo, por el dominio que tiene sobre los corazones, y que su Hijo será bien recibido por Ella, sin mancha ni peligro de que sea rechazado: Teniendo a Dios en medio, no vacila.
    Dile con absoluta confianza que todos los bienes que le has dado valen poco para honrarla. Pero que por la sagrada comunión quieres hacerle el mismo obsequio que le hizo el Padre eterno; obsequio que la honrará más que si le dieses todos los bienes del mundo. Dile, finalmente, que Jesús, que la ama en forma excepcional, desea todavía complacerse y descansar en Ella, aunque sea en tu alma, más sucia y pobre que el establo de Belén en donde Jesús se dignó nacer, porque allí estaba Ella.
    Pídele su corazón con estas tiernas palabras: ¡Tú eres mi todo, oh María; préstame tu corazón! (Ver Sal 4,10).


2. EN LA COMUNIÓN

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Dispuesto ya a recibir a Jesucristo, después del Padrenuestro le dirás tres veces: “Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme”; como si dijeses la primera vez al Padre eterno que no eres digno de recibir a su Hijo a causa de tus malos pensamientos e ingratitudes para con un Padre tan bueno; pero que ahí está María, su esclava, que ruega por ti y te da confianza y esperanza singulares ante su Majestad: Porque tú solo me haces vivir tranquilo (Sal 4,10).

268
Al Hijo le dirás: “Señor, no soy digno…”; que no eres digno de recibirle a causa de tus palabras inútiles y malas y de tu infidelidad en su servicio, pero que, no obstante, le suplicas tenga piedad de ti, que le introducirás en la casa de su propia Madre, que es también tuya, y que no le dejarás partir hasta que venga a habitar en ella:
“Lo agarré, y ya no lo soltaré hasta meterlo en la casa de mi madre…” (Cant 3,4).
Ruégale que se levante y venga al lugar de su reposo y al arca de su santificación:
“Levántate, Señor; ven a tu mansión, ven con el arca de tu poder” (Sal 131[130],8).
Dile que no confías lo más mínimo en tus méritos, ni en tus fuerzas y preparación —como Esaú—, sino en los de María —como Jacob en Rebeca—; que, aunque seas muy pecador, te atreves a acercarte a su santidad apoyado en los méritos y virtudes de su santísima Madre.

269
Al Espíritu Santo le dirás: “Señor, no soy digno…”; que no eres digno de recibir la obra maestra de su amor a causa de la tibieza de tus acciones y la resistencia a sus inspiraciones; pero que tu única confianza está en María, su fiel Esposa. Dile con san Bernardo:
“Ella es mi suprema confianza y la única razón de mi esperanza”.
Puedes también rogarle que venga a María, su indisoluble Esposa. Si no desciende a tu alma, ni Jesús ni María podrán formarse ni ser dignamente hospedados.


3. DESPUÉS DE LA SAGRADA COMUNIÓN

270
Después de comulgar, introduce a Jesús en el corazón de María. Ella lo recibirá con amor, lo adorará con todo su ser y le rendirá los homenajes que tú no sabrías darle.

271
O permanece profundamente humillado ante Jesús que mora en María.
O quédate como esclavo humilde a la puerta del palacio mientras el Rey dialoga con la Reina.
O recorre espiritualmente el cielo y la tierra rogando que las criaturas amen y adoren a Jesús y a María: “Vengan, adoremos…” (Sal 94[93],6).

272
O pide a Jesús, en unión con María, la llegada de su Reino, la Sabiduría divina, el amor divino, el perdón de tus pecados, o alguna gracia particular, siempre por María y en María.
Dile: “No mires, Señor, mis pecados, sino las virtudes y méritos de María” (cf. Sal 51[50],11).
Añade: “Es obra de un enemigo” (Mt 13,28).
Y: “Sálvame del hombre traidor y malvado” (Sal 43[42],1).
O bien: “Jesús mío, conviene que tú crezcas y que yo disminuya” (cf. Jn 3,30).
“¡Oh Jesús! ¡Oh María! ¡Crezcan en mí! ¡Multiplíquense fuera, en los demás!”

273
Hay mil pensamientos más que el Espíritu Santo inspira a quien vive esta devoción con fidelidad.
Recuerda: cuanto más permitas a María obrar en tu comunión, más glorificado será Jesús.
Y cuanto más te humilles y escuches en silencio, más permitirás que Jesús y María obren en ti.
La comunión es ante todo acto de fe:
“Mi justo vive de su fidelidad” (Heb 10,38).


💙 Cómo vive esto un miembro de la Legión de María

Para quienes pertenecen a la Legión de María, este método de Montfort es más que una devoción opcional: es un modo de vida.

El Manual recuerda que el legionario debe ser mariano en su oración, en su acción apostólica y también en su modo de comulgar. De allí la importancia de acercarse a Jesús “por María, con María, en María y para María”.

Todo legionario está llamado a:

  • Prepararse con humildad,

  • Unirse a María,

  • Recibir a Jesús en su corazón a través de Ella,

  • Dejar que la Eucaristía transforme su apostolado.


Los modelos legionario-misioneros lo muestran con claridad:

Edel Quinn

Recibía la Comunión con una pureza y una confianza mariana tan intensas, que su misión florecía incluso en situaciones extremas. Su secreto estaba en esto mismo que enseña Montfort.

Alfonso Lambe

Invitaba constantemente a los Praesidia a comulgar “como María recibiría a Jesús”, y a dejar que la Eucaristía fuera la fuente de su alegría, fortaleza y audacia apostólica.

En ellos se ve que la Legión es, en el fondo, una escuela de comunión mariana.
Y que un legionario que comulga “en María” se convierte en instrumento más dócil, más humilde y más fecundo para la obra apostólica.

✦ Frank Duff

Tan grande era el aprecio de Frank por la misa, que se convirtió en el centro de toda su vida. Y, si era necesario, tomaba medidas extraordinarias para asegurarse de no faltar nunca a su misa diaria. 

Frank no salía de la capilla al terminar la misa. Se quedaba para una larga acción de gracias y solo se levantaba de sus rodillas cuando llegaba la hora del desayuno, a las 8:00 a. m.


En ellos se ve lo mismo que enseña Montfort:
👉 María no reemplaza nuestra unión con Jesús; la hace más plena, más humilde, más fecunda.

Para el legionario, esta práctica no sólo eleva la vida espiritual: impulsa el apostolado. Una comunión vivida en María hace el alma más dócil, más disponible y más eficaz para la misión.

Encontrá un praesidium en tu zona y empezá a vivir la Legión 

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