Legión de María Argentina - ¡¡Súmate a trabajar para la Virgen!!
La fiesta del Bautismo del Señor, celebrada litúrgicamente el 11 de enero, cierra el ciclo de las manifestaciones de Cristo y abre solemnemente el tiempo de su vida pública. No se trata de un episodio accesorio ni meramente simbólico: en el Jordán se revela el corazón mismo del Evangelio.
El Bautismo de Jesús es el primer Misterio de Luz del Santo Rosario y constituye una verdadera epifanía trinitaria:
✝️ el Hijo se sumerge en las aguas,
🕊️ el Espíritu Santo desciende como paloma,
👑 el Padre proclama:
“Este es mi Hijo amado, en quien tengo mis complacencias” (Mt 3,17).
Para la espiritualidad legionaria y monfortiana, este misterio no solo ilumina la misión de Cristo, sino que revela la identidad profunda de todo bautizado y fundamenta su deber apostólico en la Iglesia.
Jesús se acerca a San Juan Bautista en el río Jordán, frontera simbólica entre el desierto y la tierra prometida. En la Sagrada Escritura, el agua no es solo signo de purificación: representa también el abismo, el caos primordial, el lugar de amenaza y muerte (cf. Gn 1,2; Sal 69).
Juan predica un bautismo de conversión para los pecadores. Por eso se resiste:
“Soy yo el que necesita ser bautizado por ti” (Mt 3,14).
La respuesta de Jesús es clave:
“Conviene que así cumplamos toda justicia” (Mt 3,15).
Aquí se abre una profundidad teológica decisiva.
En la Biblia, la justicia de Dios no es retribución fría, sino fidelidad amorosa a su alianza. Jesús no se bautiza por necesidad personal, sino por solidaridad redentora: entra en la fila de los pecadores para cargar sobre sí lo que no le pertenece.
San Pablo lo expresará con crudeza:
“Al que no conoció pecado, Dios lo hizo pecado por nosotros” (2 Co 5,21).
El Bautismo de Jesús puede comprenderse como un misterio de intercambio.
Al sumergirse en el Jordán, Cristo asume la condición del pecador, anticipando sacramentalmente lo que consumará en la Cruz. No purifica las aguas porque las necesite, sino porque entra en ellas para transformarlas desde dentro.
Los Padres de la Iglesia afirman que:
“Cristo no fue purificado por las aguas, sino que Él purificó las aguas”.
Este misterio puede entenderse como un intercambio de vestiduras:
✨ Cristo se quita su manto de pureza y se sumerge en el agua turbia de nuestra humanidad caída; a cambio, nos reviste con su propia túnica de filiación divina.
Este es el núcleo del Evangelio: Él toma lo nuestro para darnos lo suyo.
La proclamación del Padre no es solo una revelación cristológica, sino también antropológica. En Cristo, el Padre mira a cada bautizado.
La herida más profunda del hombre moderno no es moral, sino identitaria: no saberse amado.
Meditar el Bautismo del Señor permite que la gracia bautismal:
🩹 sane heridas de abandono,
🔓 rompa mentiras de no-amor,
🛡️ devuelva la seguridad filial.
Dios no nos ama a pesar de Cristo, sino en Cristo.
San Luis María Grignion de Montfort enseña que la Consagración Total es:
“la perfecta renovación de las promesas del santo Bautismo”.
Vivir el Bautismo del Señor conduce necesariamente a:
🚫 renunciar al demonio,
✝️ pertenecer totalmente a Jesucristo,
🌸 hacerlo por María, molde seguro de Cristo.
💧 El Bautismo es como una corriente viva: quien se arroja a ella deja que el agua arrastre su egoísmo y lo conforme progresivamente con Cristo.
La Legión de María reconoce en San Juan Bautista al prototipo del legionario:
no se predica a sí mismo,
prepara caminos,
señala a Otro: “He ahí el Cordero de Dios”.
🪖 El Bautismo es la puerta del cuartel: allí el cristiano recibe su identidad, su uniforme y su misión. Desde ese momento, ninguna acción es neutral.
Las fuentes espirituales señalan que la renovación consciente de las promesas bautismales posee un poder exorcista real, porque:
✋ reafirma la renuncia a Satanás,
🔥 reactiva la gracia recibida,
🚫 bloquea ataques en momentos de parálisis espiritual.
El Bautismo del Señor nos recuerda que:
❌ no somos espectadores,
❌ no somos neutrales,
❌ no somos huérfanos.
Somos hijos, miembros del Cuerpo Místico, apóstoles enviados.
🌿 Como ramas injertadas en la Vid, solo damos fruto si permanecemos unidos a Cristo y dóciles al Espíritu, bajo la guía materna de María.
El Bautismo de Jesús no es solo el inicio de su misión: es la revelación de la nuestra. En el Jordán comienza el camino que pasa por el desierto, llega a la Cruz y desemboca en la Resurrección.
Para la redacción de este artículo, nos hemos basado en las fuentes oficiales de la Iglesia y la Legión de María:
Comentarios
Publicar un comentario