Legión de María Argentina - ¡¡Súmate a trabajar para la Virgen!!
En la Legión de María, nuestra devoción central es a la Santísima Virgen. Sin embargo, no podemos separar a María de aquel que Dios eligió para ser su castísimo esposo y custodio del Redentor. La Legión lo honra como uno de sus principales patronos celestiales, reconociendo su papel vital en la historia de la salvación y su continuo cuidado sobre el Cuerpo Místico de Cristo.
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Pero, ¿conocemos realmente a este gigante de la santidad? En este artículo, profundizaremos en la figura de este santo silencioso, respondiendo a las preguntas que muchos fieles se hacen:
La historia de San José que narran los Evangelios (especialmente Mateo y Lucas) nos presenta a un hombre "justo" de la estirpe de David. Carpintero de oficio en Nazaret, su vida dio un giro trascendental al ser desposado con la Virgen María.
Un aspecto crucial en la vida de este santo fueron los sueños de San José. No eran simples sueños, sino manifestaciones de la voluntad divina que él obedeció al instante y sin dudar:
El Papa Pío IX declaró a San José, Patrono de la Iglesia Universal en 1870. La razón es teológicamente profunda: así como cuidó de la cabeza de la Iglesia (Cristo) y de su Madre (María) en la tierra, ahora cuida desde el cielo del Cuerpo Místico de Cristo, que es la Iglesia.
La Legión de María lo adopta como patrono por esta misma razón. El Manual de la Legión nos enseña que el cuidado de José hacia Jesús y María no fue algo temporal, sino una misión eterna.
Para la Legión, San José no es un patrono más; es un cooperador inmediato de la Redención. Su presencia en la organización se manifiesta de formas muy concretas:
La Legión, que trabaja por la extensión del Reino de Cristo bajo el mando de María, necesita la protección y el apoyo de aquel que fue el soporte de la Sagrada Familia.
Muchos buscan frases de San José, pero se sorprenden al descubrir que los Evangelios no registran ni una sola palabra suya. ¡Este silencio es su frase más elocuente!
Las virtudes de San José son un modelo perfecto para el legionario:
La Iglesia y la Legión veneran su relación con el mundo del deber ordinario:
San José Obrero (1 de mayo): Santificó el trabajo manual. Frank Duff lo proponía como modelo de "verdadera devoción a la nación", enseñando que el cumplimiento de los deberes civiles y laborales es un camino de santidad.
Apostolado con el pueblo judío: Duff sugería invocarlo como "José el Judío" para interceder especialmente en los esfuerzos de contacto personal con este pueblo.
Patrono de la Buena Muerte: Aunque la Biblia no narra explícitamente la muerte de San José, la tradición sostiene que murió antes de la vida pública de Jesús: se cree que murió en brazos de Jesús y María, siendo el intercesor ideal para pedir la gracia de una muerte santa.
La Iglesia celebra dos fiestas principales en su honor:
Dada su cercanía a Jesús y María, su intercesión es poderosísima. Santa Teresa de Ávila decía que nunca pidió nada a San José que no le fuera concedido. Se le atribuyen numerosos milagros de San José, especialmente en temas de familia, trabajo y vivienda.
Es muy recomendable rezar la Novena a San José, especialmente en los días previos a su fiesta. Para el día a día, la Legión de María recomienda esta antigua y poderosa oración a San José que el Papa León XIII pidió rezar después del Rosario:
A vos, bienaventurado San José
A vos, bienaventurado San José, acudimos en nuestra tribulación, y después de implorar el auxilio de vuestra Santísima Esposa, solicitamos también confiadamente vuestro patrocinio.
Por aquella caridad que con la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, os tuvo unido y por el paterno amor con que abrazasteis al Niño Jesús, humildemente os suplicamos que volváis benigno los ojos a la herencia que con su Sangre adquirió Jesucristo, y con vuestro poder y auxilio socorráis nuestras necesidades.
Protege, oh providentísimo Custodio de la divina Familia, la escogida descendencia de Jesucristo; aparta de nosotros toda mancha de error y de corrupción; asístenos propicio desde el cielo, fortísimo libertador nuestro, en esta lucha con el poder de las tinieblas; y como en otro tiempo librasteis de la muerte la vida amenazada del Niño Jesús, así ahora defended a la santa Iglesia de Dios de las hostiles asechanzas y de toda adversidad; y a cada uno de nosotros protegednos con perpetuo patrocinio, para que, a ejemplo vuestro y sostenidos por vuestro auxilio, podamos santamente vivir, piadosamente morir, y alcanzar en los cielos la eterna bienaventuranza. Amén.
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¡San José, Patrono de la Legión de María y Custodio de la Iglesia, ruega por nosotros!
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