Legión de María Argentina - ¡¡Súmate a trabajar para la Virgen!!
“Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya; ella te aplastará la cabeza” (Libro del Génesis 3,15).
La vida humana queda situada dentro de esa enemistad permanente. No existe neutralidad. Cada alma es campo de combate.
Esta realidad es una lucha dramática entre la luz y las tinieblas. El pecado original debilitó la voluntad, oscureció la inteligencia y dejó inclinaciones desordenadas. La tentación no es anomalía: es consecuencia de esa herida.
Sin embargo, no es absurda ni sin sentido. Se convierte en:
Prueba de la fe
Escuela de humildad
Ocasión para ejercitar la libertad
Camino hacia una virtud probada
San Pablo afirma:
“Fiel es Dios, que no permitirá que seáis tentados por encima de vuestras fuerzas” (1 Cor 10,13).
La tentación no implica caída necesaria. Implica decisión.
No huye del combate. Lo enfrenta.
Las tres tentaciones concentran los grandes engaños de siempre:
“No solo de pan vive el hombre” (Mt 4,4).
“No tentarás al Señor tu Dios” (Mt 4,7).
“Al Señor tu Dios adorarás y a Él solo servirás” (Mt 4,10).
Donde Adán cayó, Él permanece fiel. Su victoria en el desierto anticipa la victoria de la Cruz.
"Nuestra vida, mientras dura esta peregrinación, no puede verse libre de tentaciones; pues nuestro progreso se realiza por medio de la tentación y nadie puede conocerse a sí mismo si no es tentado, ni puede ser coronado si no ha vencido, ni puede vencer si no ha luchado, ni puede luchar si carece de enemigo y de tentaciones. (...) Cristo quiso prefigurarnos a nosotros, su cuerpo, en su propio cuerpo, en el cual ya ha muerto y ha resucitado, y ha subido al cielo, para que los miembros confíen llegar también adonde los ha precedido su cabeza. Así pues, nos transformó en sí mismo, cuando quiso ser tentado por Satanás. Acabamos de escuchar en el Evangelio cómo el Señor Jesucristo fue tentado por el diablo en el desierto. El Cristo total era tentado por el diablo, ya que en él eras tú tentado. Cristo, en efecto, tenía de ti la carne para sí mismo, de sí mismo la salvación para ti; tenía de ti la muerte para sí mismo, de sí mismo la vida para ti; tenía de ti ultrajes para sí mismo, de sí mismo honores para ti; por consiguiente, tenía de ti la tentación para sí mismo, de sí mismo la victoria para ti. Si en él fuimos tentados, en él vencemos al diablo. ¿Te fijas en que Cristo fue tentado, y no te fijas en que venció la tentación? Reconócete a ti mismo tentado en él, y reconócete también a ti mismo victorioso en él. Podía haber impedido la acción tentadora del diablo; pero si no hubiera sido tentado, entonces tú, que estás sujeto a la tentación, no hubieras aprendido de él a vencerla". (Comentarios de san Agustín, obispo, sobre los salmos - Salmo 60, 2-3: CCL 39, 766)
Hay que distinguir con claridad entre:
Sentir la tentación
Consentir la tentación
El pecado no está en la sugestión inicial, sino en la adhesión voluntaria.
Entre las tentaciones más frecuentes en la vida espiritual y apostólica:
Orgullo y autosuficiencia
Respeto humano (miedo al “qué dirán”)
Envidia o crítica interior
Vanidad por los resultados
Desaliento cuando no se ven frutos
Atracción desordenada por comodidad o reconocimiento
No dialogar interiormente con la tentación.
“Velad y orad para no caer en la tentación” (Mt 26,41).
La oración rompe el hechizo de la sugestión.
Jesús respondió citando la Escritura. La meditación diaria fortalece la mente y purifica los criterios.
Eucaristía: robustece la caridad.
Confesión frecuente: restaura la gracia y fortalece la voluntad.
Reconocer la propia fragilidad protege contra la soberbia, raíz de muchas caídas.
La espiritualidad legionaria no presenta la vida cristiana como pasividad, sino como combate organizado.
Ella es invocada como:
Refugio
Auxilio
Espanto de los poderes infernales
El Rosario no es simple devoción: es arma constante.
Principio espiritual repetido en la tradición legionaria:
Mientras se lucha, no se está vencido.
El desierto no es fracaso. Es purificación.
Sagrada Escritura: Evangelio según San Mateo 4, 1–11; San Lucas 4, 1–13; Génesis 3, 15
Manual Oficial de la Legión de María: Capítulo 5: La espiritualidad legionaria; Capítulo 13: El sistema legionario; Capítulo 33: El Rosario; Sección sobre la Doctrina del Cuerpo Místico
Tratado de la Verdadera Devoción — San Luis María Grignion de Montfort
Imitación de Cristo — Tomás de Kempis
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