Legión de María Argentina - ¡¡Súmate a trabajar para la Virgen!!
Muchos cristianos conocen a San Pedro, a San Juan Evangelista o a San Pablo. Pero pocos recuerdan a San Matías, el hombre escogido para completar nuevamente el número de los Doce después de la traición de Judas. Y, sin embargo, su historia contiene una enseñanza poderosa: Dios no siempre elige al más fuerte o al más visible, sino al que tiene el corazón más fiel.
Las antiguas tradiciones cristianas y algunas visiones místicas describen a Matías como un hombre físicamente frágil, de aspecto débil. Pero justamente allí aparece uno de los mensajes más hermosos de su vida: el Señor miró la fuerza de su espíritu y no su apariencia exterior.
San Matías fue uno de los discípulos que acompañaron a Jesús desde el comienzo de su vida pública. El libro de los Hechos de los Apóstoles explica que debía ser alguien que hubiera seguido al Señor “desde el bautismo de Juan hasta el día de la Ascensión” (Hch 1,21-22).
Después de la muerte de Judas Iscariote, los apóstoles comprendieron que el colegio apostólico debía volver a estar completo. Entonces propusieron a dos discípulos: José Barsabás y Matías. Tras la oración, echaron suertes y la elección recayó sobre Matías (Hch 1,26).
Según las visiones de la beata Ana Catalina Emmerick, Barsabás era joven y robusto, mientras que Matías era delgado y físicamente débil. Sin embargo, Dios prefirió en él la madurez espiritual y la fortaleza interior. Esta escena recuerda una verdad que atraviesa toda la Biblia: el Señor mira el corazón.
Aunque los Evangelios no narran diálogos directos entre San Matías y la Virgen María, sí sabemos que convivió con ella en los primeros días de la Iglesia.
Los Hechos de los Apóstoles muestran a los discípulos perseverando “unánimes en la oración, junto con María, la Madre de Jesús” (Hch 1,14). Por eso, Matías formó parte de aquella comunidad reunida en el Cenáculo esperando la venida del Espíritu Santo.
Diversas meditaciones espirituales y tradiciones cristianas presentan a María como el corazón de aquella primera comunidad. Algunas visiones místicas describen a la Virgen cubriendo a los apóstoles con un manto luminoso, como Madre y protectora de la Iglesia naciente.
Para los católicos, este detalle tiene un profundo significado: San Matías aprendió la vida apostólica junto a María. Antes de salir a evangelizar, permaneció en oración con ella, dejándose formar en el silencio y en la espera del Espíritu Santo.
Aunque no se conservan escritos propios de San Matías, su vida transmite enseñanzas muy concretas.
Matías pasó años junto a Jesús sin ocupar un lugar destacado. No buscó protagonismo. Permaneció fiel en silencio hasta que Dios lo llamó.
La tradición que compara a Barsabás con Matías muestra que el Señor no elige según criterios humanos. La verdadera fuerza nace del alma unida a Dios.
Los apóstoles eligieron a Matías después de rezar. La Iglesia primitiva entendía que las decisiones importantes debían hacerse buscando primero la voluntad de Dios.
San Matías no es patrono oficial de la Legión de María. Tampoco aparece desarrollado extensamente en el Manual Oficial.
Sin embargo, su figura encaja profundamente con la espiritualidad legionaria.
El legionario auténtico muchas veces trabaja de manera silenciosa, humilde y escondida. Visita enfermos, acompaña personas alejadas de la fe y reza sin buscar reconocimiento. Así también aparece San Matías: un discípulo fiel, perseverante y disponible para la misión cuando Dios lo llamó.
La espiritualidad mariana de la Legión encuentra además un hermoso paralelo en el Cenáculo. San Matías recibió el Espíritu Santo junto a María, Reina de los Apóstoles. Del mismo modo, la Legión enseña que toda verdadera evangelización debe hacerse unidos a la Virgen.
San Luis María Grignion de Montfort enseñaba que María forma apóstoles para los tiempos difíciles de la Iglesia. La vida de San Matías refleja justamente ese espíritu: humildad, perseverancia y disponibilidad total al servicio de Cristo.
Las tradiciones antiguas sostienen que San Matías murió mártir después de predicar el Evangelio en distintas regiones. Algunas versiones afirman que fue apedreado y luego decapitado. Otras mencionan Etiopía o la región de Judea como lugar de su misión final. No existe certeza histórica completa sobre estos detalles.
Lo que sí conserva firmemente la tradición cristiana es su fidelidad hasta el final y su entrega total a la predicación del Evangelio.
“Oh glorioso San Matías, elegido por Dios para ocupar el lugar dejado por Judas, alcánzanos la gracia de permanecer fieles a Jesucristo y servirlo con un corazón humilde y perseverante. Amén.”
La Iglesia celebra a San Matías el 14 de mayo.
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